En construcción el dinero llega siempre después del gasto: la nómina y los materiales corren cada semana, y la estimación — certificada y todo — llega cuando llega. Cada obra nueva es un hueco de flujo que crece con el proyecto.
La estructura correcta combina piezas: factoraje de estimaciones certificadas para convertir en liquidez lo ya ejecutado, y línea revolvente ligada al avance para nómina y materiales de lo que sigue. El flujo del proyecto deja de depender del calendario del cliente.
Un comité lee a una constructora distinto que a cualquier otro giro: pregunta por obra, avance, estimaciones, fianzas y retenciones. Con 15 años en mesas y el motor contrastando contra las instituciones del vault especializadas en construcción, tu expediente entra hablando ese idioma.
Contratos con desarrolladores o corporativos industriales. Estimaciones mensuales, retención de obra y flujo por etapas.
Instalaciones, estructura o acabados: financias al contratista general con tu capital. Tus estimaciones certificadas valen liquidez.
Estimaciones certificadas por dependencias. Se estructura por la vía especializada del factoraje de gobierno.
Proyectos por etapas con maquinaria propia y contratos largos. La estructura acompaña el programa de obra completo.
Contratos vigentes, estado de las estimaciones, retenciones y ciclo real del proyecto. Definimos la mezcla: factoraje de estimaciones, revolvente ligada al avance, o ambas por etapas.
Contratos y fianzas, catálogo de avance, antigüedad de estimaciones y flujo bancario por obra. El motor contrasta contra las instituciones del vault especializadas en construcción.
Dictamen preliminar de estructuración con condiciones resueltas y las rutas que operan tu tipo de obra y contratante. La aprobación es de cada institución.
Una estimación vale lo que vale la firma que la certifica: supervisión externa, residente del contratante o tú mismo. El comité descuenta el papel según quién lo respalda — y estructuramos la evidencia en consecuencia.
Financiar tu obra es financiar a quien te paga: un desarrollador con preventas, un corporativo industrial o un contratista general con su propio flujo no pesan igual. El comité califica la cadena de pago completa, hasta el origen.
El 5–10% retenido de cada estimación y el fondo de garantía reducen el flujo cedible real del contrato. El comité resta esas retenciones antes de dimensionar cualquier línea — el expediente entra con ese cálculo hecho.
Obra contratada por ejecutar contra capacidad real de tu estructura: equipo, supervisión, capital. Para un comité, un backlog que duplica tu capacidad histórica no es una buena noticia — es una pregunta que el expediente debe responder.
Actas de entrega-recepción, obras cerradas en tiempo y costo, litigios de obra si los hubo. En construcción, el historial de terminación pesa más que el balance: una constructora que termina, cobra — y el comité lo sabe.
Anticipamos las preguntas del comité y las resolvemos en el expediente. La decisión de aprobación es siempre de cada institución.
Rango típico de las estructuras de obra que armamos — el más amplio del catálogo, porque combina factoraje de estimaciones y revolvente por etapas.
Ambas, por vías distintas. En obra privada, el descuento de estimaciones y la revolvente se estructuran con las instituciones especializadas en construcción. En obra pública, las estimaciones certificadas por dependencias se trabajan por la vía del factoraje de gobierno, con sus reglas propias de cesión — los tiempos y procesos de los entes públicos son característica del sistema, y la estructura los contempla desde el diseño.
Es el descuento del derecho de cobro de una estimación ya certificada: ejecutaste el avance, el contratante lo certificó, cedes ese derecho de cobro a una institución y recibes hoy la mayor parte del valor. El contratante paga a la institución en el calendario pactado en el contrato. Solo se descuenta obra ejecutada y certificada — el papel sin certificar no es descontable.
Sí, con la pieza correcta: el arranque se cubre con el anticipo del contrato y una revolvente ligada al programa de obra, no con factoraje — porque aún no hay estimaciones que descontar. El comité va a querer ver contrato firmado, programa de obra y tu historial de terminación; con eso, la estructura de arranque es perfectamente defendible.
Al contrario: las fianzas de anticipo y cumplimiento son parte del paisaje normal de la obra y ordenan la operación — un contrato bien afianzado habla de un contratante serio. Lo que sí hacen es afectar el flujo cedible: la afianzadora y las retenciones tienen prelación sobre ciertos cobros. Por eso se declaran y se calculan en el expediente desde el día uno, no cuando el comité las descubre.
El atraso del contratante es el riesgo central del giro y no desaparece con el financiamiento — se estructura. Según la modalidad (con recurso o sin recurso), las reservas pactadas y la institución elegida, ese riesgo se asigna y se pricea distinto. Parte del valor de contrastar contra el vault es dirigir tu caso a instituciones que conocen el ciclo de obra y no entran en pánico con un atraso de 30 días.
Una videollamada de 30 minutos: revisamos tu caso, te decimos si es estructurable hoy y — si no lo es — la ruta concreta para que lo sea.
Tu caso entra a evaluación en 24 horas hábiles — te contacta un estructurador.
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Conocer más →Todo dictamen de Open Credit es un análisis preliminar de estructuración: no constituye una aprobación de crédito ni garantiza la autorización, que corresponde exclusivamente al comité de cada institución.